Esta
obra tal vez sea la que más difícil para describir.
La obra original tenía el mismo hombre recargado
contra una pared, a punto de rajarse. La diferencia entre la original y la he
puesto en el blog está en el color de atrás. La vieja version tenía una multitud
de colores – lléndose de gris (el color de la figura central) al azul, y luego
al verde, amarillo, naranja, y al último, el rojo. Esta gradación subraya el
aislamiento que yo sentía en este tiempo. Por todos lados, parecía que lo demás
era más brillante, más alegre y aun más fuera de mi entorno.
En repliar esta obra, me pregunté, ¿por qué darle
homenaje a ese sentimiento? ¿Por qué hacer otra vez la misma obra cuando no me
siento igual? Pero igual fue importante que reconociera ese momento, no para
dar elogios, ni para pretender ni esconder. Esta iteración muestra tres aros
amarillos en la distancia. (El amarillo, junto al azul y el verde, trae alivio
y tranquilidad.) Así que pa’ fuera el rojo y pa’ fuera el naranja. Pero lo más
importante es que la tranquilidad del amarillo es el que siento yo ahora. Es
como si mis sentimientos de hoy quieren que el Martín Fernando de hace unos meses le hagan caso.

No comments:
Post a Comment